Los niños que van caminando o en bici al cole se concentran más

LA RELACIÓN QUE EXISTE ENTRE LA CONCENTRACIÓN Y LOS NIÑOS QUE VAN AL COLE ANDANDO O EN BICICLETA

SARAH GOODYEAR FEB 05, 2013

Traducción del artículo publicado en The Atlantic Cities plays matters

Todos los días, en el exterior de la escuela de Brookling a la que asiste mi hijo, se puede ver una bicicleta azul candada. Pertenece a una niña de séptimo grado de una familia holandesa, que mantiene el hábito de ira al cole cada día en bicicleta, a pesar de encontrarse en Estados Unidos, un país más hostil para esta práctica. Esta preciosa bici urbana de color azul es un regalo de sus padres. Se la regalaron cuando empezó a ir sola a clase porque se había ganado un vehículo de primera categoría. Está muy orgullosa de ella.

 

De acuerdo con los resultados de un estudio danés publicado a finales del año pasado, estos padres holandeses le han dado a su hija un regalo menos tangible, pero más duradero junto con la bicicleta: la capacidad de concentrarse mejor.

Se estudiaron a casi 20.000 niños daneses de entre 5 y 19 años y concluyeron que los niños que van en bici o caminando a la escuela, en lugar de viajar en coche o en transporte público, resolvían de manera más eficiente las tareas que exigen concentración, como resolver puzzles. Además el alto grado de concentración se prolongaba durante las cuatro horas posteriores a la llegada a la escuela.

El estudio forma parte del Mass Experiment 2012, un proyecto danés que analizó la relación entre la concentración, la dieta y el ejercicio.

Niels Egelund de la Universidad de Aarhus en Dinamarca dirigió la investigación y aseguró que estaba sorprendido de que la influencia del ejercicio sobre la concentración fuera mayor que la de la dieta.

“Los resultados mostraron que el desayuno y el almuerzo mejoran el nivel de concentración de los alumnos, pero mucho menos que hacer ejercicio en el camino a la escuela” dijo Egelund a la AFP.

“Si eres un alumno de tercer grado, y te ejercitas y vas en bici al cole, tu capacidad de concentración equivaldría a la de un estudiante medio año major que tu “, agregó.

El proceso de desplazarse desde el punto A al punto B tiene efectos cognitivos que los investigadores aun no entienden completamente. Escribí el año pasado sobre el análisis de Bruce Appleyard sobre el esquema cognitivo, en el que comparó a niños que fueron llevados en coche a todas partes, con los que tenían la libertad de caminar por sus barrios de manera independiente. Su trabajo reveló que los niños que utilizaban a los padres como chóferes conocían muy poco las localidades donde vivían y el paisaje que les rodea.

Sin embargo, muchos otros padres llevan a sus hijos en automóvil porque es más fácil, o parece ser más sencillo. También, con la idea de hacerle un favor al niño y evitarle la caminata, incluso si ese trayecto es de menos de un kilómetro. Además estos desplazamientos cortos en coche se han convertido en una norma social; se vuelve más y más difícil para las familias salirse de este círculo vicioso. Llevar a los niños en coche al colegio, genera más coches en los entornos de los colegios.

¿Cómo se podría cambiar esta tendencia? La conexión entre el transporte activo y un mejor estado físico está bien documentada y es intuitivamente fácil de entender, pero no parecer ser suficientemente convincente. Como  señala la publicación Davis Enterprise, incluso en una ciudad de EE.UU. con una infraestructura relativamente buena para ir en bicicleta como Davis en California, los padres siguen transportando en coche a sus hijos a la escuela de forma mayoritaria. Más del 60 por ciento de los estudiantes de primaria de esa ciudad llegan a clase, cada mañana, acompañados por sus padres sobre cuatro ruedas. En el ámbito nacional, a partir de 2009, sólo el 13 por ciento de los niños de los Estados Unidos  van caminado o en bicicleta a la escuela, frente al 50 por ciento en 1969.

Pero si los padres se dieran cuenta de que empaquetar a sus hijos en el asiento trasero del coche afecta a su capacidad de aprender, ¿cambiarían sus hábitos? ¿Promoverían que las escuelas tuvieran mejores accesos para ir caminando? ¿Demandarían mejorar las infraestructuras para los peatones y las bicicletas? ¿O simplemente invertirían el tiempo y el esfuerzo necesario para acompañar a sus hijos si lo necesitan?

Muchos padres contratan profesores para preparar a sus hijos para los exámenes y componen un horario intensivo de actividades extraescolares para conseguir que sus hijos sean más competitivos. Imagínense si invirtieran todos esos recursos en algo tan simple como ayudar a sus hijos a viajar de forma segura desde su casa a la escuela a pie o en bicicleta y así llegaran, preparados para aprender.

 

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